
Ya empezó el camino a Alemania...
El autobús apenas sale de Xalapa. Siento un frío terrible, pero no es solamente por el clima del autobús. No puedo siquiera pensar cuantas veces he estado en la misma situación; rumbo a mi casa una vez que se ha terminado el semestre, esperando calificaciones pero sin miedo a los resultados – estos momentos siempre me han puesto feliz, eufórico tal vez, pero esta vez siento algo diferente. Espero que los eventos que pretendo redactar tal vez expliquen lo que siento por completo.
Esta semana estuve sin casa, mi mes de renta se había terminado y tenía que estar 5 días más en Xalapa. ¿Qué hice? Ir con mis amigos obviamente, las pláticas a altas horas de la noche, los juegos de mesa en vez del estudio, la Coca que siempre parece vaciarse muy pronto, las risas que no paran y sobre todo ese aroma tan intimo de amistad que inunda los cuartos. Creo que esta semana nunca dejé de tener casa.
Los exámenes fueron lo de menos, nunca había querido tanto una cosa que en el fondo sabía no podía hacer: estudiar. Los finales pasaron sin pena ni gloria, sin mucho estudio pero con mucha preocupación, pero aún ahí en medio de los exámenes podías levantar tu rostro y ver a los amigos sonreír. La escuela a veces se vuelve una excusa para pasar más tiempo con tus amigos y muchas veces me he preguntado si el título profesional es más importante que ganarte el título de hermano entre tus amigos. No sé, tal vez no vale la pena ganar el título si se pierde el otro en el camino.
Y finalmente después de terminados los exámenes llego a esta noche. ¿Qué ha pasado? La verdad es que todavía no lo sé bien, pero hay muchas cosas que me dejan satisfecho.
La casa de Aris, con mesas y sillas, con tacos y Coca (junto con algunas otras bebidas), la música y las pláticas, los amigos y de nuevo ese aire tan puro que se respira entre amigos. Los regalos, simplemente increíbles. Los Grafitos de FCAS (una representación gráfica hecha por Héctor de nuestro grupo de amigos), en una cartulina grande, vaya que los personajes me han hecho reír. Los bolígrafos (que doné para la causa) escribiendo cosas que se irán fuera de las fronteras de nuestro país, con recuerdos y frases que pueden no significar nada para el mundo pero significan el mundo para mi. Las fotos, los futuros intercambios a los cuales nos han tenido a bien dedicar esta pequeña fiesta. ¿Despedida? Al contrario, nunca me he sentido más bienvenido que entre ustedes hermanos. Las fotos, los abrazos, los besos, los “no te vayas” que han llegado a perforar un poco mi corazón. ¿Será que de verdad nos vamos? Tal vez, no sé si nuestra mente de verdad los pueda abandonar, créanme que en este momento mi mente sigue con ustedes. ¿Será que de verdad no vamos? Tal vez, por unos meses, que aunque se escuchan interminables no son más que unos días; ¿y qué es la distancia y el tiempo en comparación con nuestra amistad?

Después, mis palabras, las escuché esperando el camión en CAXA, cada vez se me hacían más y más huecas, no por lo que dije, sino por la ligereza en que me expresé, exagerando mucho mis muletillas porque luchar las lágrimas a veces cuesta más de lo que uno espera. Si no lloré, fue por presencia de “valor” y no ausencia de motivos. Mis palabras, no sé que pretendían, pero déjenme elaboralas. Lo que quise decir es que los quiero y eso es todo. Que los extrañaré, mejor dicho, ya los extraño. Que Dios se pasa de bueno conmigo, dándome tantas cosas que ni podría haberme imaginado que algún día iba a tener tanto. Que me han ayudado y enseñado. Que me han adoptado como amigo y eso todavía no lo alcanzo a comprender. Que se ríen de mis chistes y eso ya es decir mucho. Que mientras halla amigos como ustedes, hasta lo difícil de la vida parece más ligero. Que con sus sonrisas pueden cambiar hasta el clima (miren que Xalapa nos enseña esto todos los días). Caramba, hermanos y hermanas, los quiero y eso grábenselo bien. Que los voy a extrañar y ni las alemanas me van a hacer olvidarlos. Que si hay tristeza es porque sabemos lo bien que nos hace estar juntos y si hay felicidad es porque sabemos que nos volveremos a ver.
Después, la música, mal cantada y con letras elusivas (nunca estaban lo suficientemente quietas como para que Fanny y yo las cautiváramos). Yo creo que si canté fue porque todavía no quería irme. Así que perdón por hacerlos sufrir y gracias por los coros; les aseguro que ninguna canción se escucha mejor (a mis oídos claro está).
Después la prisa, las carreras y César en el volante con el carro en frente de la casa, los abrazos y las palabras que me hubiera gustado grabar a cincel en mi cerebro, los “te quiero” y “yo también”, los saludos de la porra (que amable Claus). El tráfico que nos favoreció, CAXA como siempre: expectante, los conductores xalapeños también como siempre: incontrolablemente desesperados. Los últimos “adioses” y una mochila que se sentía demasiado pesada (me la llenó la FCAS de nostalgia y de amistades de mucho peso). El carro de César que se alejaba y yo confundido y paranoico me di cuenta que había olvidado algo – el cartel. Resignado me asomé de nuevo, se habían ido. Compré un té helado y un Snickers. Me formé con la cabeza dando vueltas y el corazón oprimido – ¡Caray! De verdad me voy de Xalapa… Dejé mi maleta y di dos pasos en las escaleras del camión “Miiiiiiiiiccccchhhhhhhh…” se escucha la voz conocida y el apodo que ahora lo siento como nombre. Isa, corriendo y con un tacón roto (según entendí) estaba ondeando el cartel con los Grafitos, una sonrisa llega a mis labios y es simplemente el reflejo de un corazón satisfecho por encontrar amigos como ustedes.
Hace 30 minutos que dejó de ser 4 de julio. Me parece simplemente lógico que mi camión halla salido a tiempo. A las 23:59 del 4 de Julio. Empezando el día nuevo encaminado a otros horizontes, algunos conocidos y algunos completamente nuevos. Pero en fin, que sería la vida sin un poco de aventura, de metas nuevas y más razones para agradecerle a Dios. Que sería de la vida, sin personas como ustedes.
Mientras mis ojos se comienzan a cerrar, no puedo dejar de pensar que el camino de la vida apenas se va mostrando, pero sin lugar a dudas, con personas con ustedes a mi lado cualquier camino se hace más ligero.
¿Saben qué? Creo que ya empezó mi camino a Alemania, a lo lejos escucho la llamada para subirme al avión… aunque ahora que lo escucho bien, creo que es Aventura platicando con Nostalgia, hablan sobre Futuro y Pasado, de ustedes y de mi. Creo que ya empezó el camino a Alemania, solo me abrocho el cinturón de seguridad y ahí voy, si en montaña rusa o en carro todavía no sé, el punto es que he empezado a avanzar y como siempre, los primeros pasos son los más difíciles…